Crónicas

Zuihitsu: Entradas oníricas después de una ruptura

Introducción por Julieta Blanco, tallerista del curso "Zuihitsu o el placer de lo random":

‘Zuihitsu’, palabra japonesa que podría traducirse como ‘huidizo’.

En la escritura del zuihitsu hay una fuerte sensación de que la creación del orden depende del desorden. Es una forma de escritura ensayística, espontánea, parecida al diario íntimo pero también más abierto y random. Se podría pensar como un “seguir el pincel”, discurrir los pensamientos, las observaciones, los sueños y todo aquello que atravesamos pero de manera poética. El zuihitsu exige como punto de partida yuxtaposiciones, fragmentos, contradicciones, materiales aleatorios y piezas de distinta longitud. Cada una de estas particularidades que enriquecen el género japonés del zuihitsu fueron trabajadas en el taller "Zuihitsu o el placer de lo random", dado en el marco de la revista La Ilustrada durante el mes de agosto de 2022.

A continuación, una de las producciones del taller:

Arte por: Guanina Cotto |@comoeloro

Escrito por: Chris Orva | @chrisorva

Cerrando los ojos;

se entra a una cueva sin comienzo ni salida. Alumbrando las grutas llenas de cobija de plata. Hay una temperatura de 38 grados de fiebre. Rebota la luz en la oscuridad del café. El amor pasa rápido por aquí. El sol da 30 vueltas siempre al sonido de los pasos en los charcos. Pegas el oído en las paredes húmedas y escuchas los pasos y los besos del tiempo. Un camino al centro del mar junto a las algas de lo que se ama. Se descansa la piel del ombligo en mis labios. Hay una ventana que se fusiona con los pedazos de los dedos. Una carretera corriendo en las memorias de los gritos de la noche. Miro lo que ocurre en los patios con la secreta esperanza de empezar a levitar.

Por el infierno;

se entra rebotando las flores en las piedras. Por una ruta de tristeza envuelta en la pastilla eufórica. Perdido en tu cáscara. Purgatorio con ecos hechos quilombos melancólicos. El sol tuesta los pensamientos y enreda la lengua. Alerta descubriendo las culpas corriendo una bicicleta con las piernas colgando. Se transforman montones de compromisos de púrpura y naranja. Empieza a enflaquecer para volver a despertar. Cruda ensoñación de lo que significa el cambio.

De lo viejo;

se entra sigiloso a lo nuevo. Dos personas se juntan a cometer algo. Muslos doblados de color perla. Amarillo en cruzes de sensualidad. El cuarto huele a salitre en lágrimas. Los labios se pegan a la quijada acogiendo la mirada. Silenciosa tus palabras alejadas sacándome de quién fui en un páramo de luz. Seca la garganta aferrado a un misterio. Vengo de una ciudad invisible para renacer en el aliento de tus gemidos.

Chris Orva escirbe desde Los Ángeles, California.

Némesis Mora